Los peligros del mouse

Amaury E. del Valle

Trabajar con una computadora no solo puede ayudarnos en múltiples tareas, sino también enfermarnos por su uso incorrecto.

Aunque el uso extensivo de la computación puede ayudarnos a aumentar nuestros conocimientos, ahorrarnos tiempo en múltiples ocupaciones o darnos placer, entre muchas otras satisfacciones, también puede afectarnos.

 


Dejando a un lado casos extremos de ciberadicción, un síndrome psiquiátrico cada vez más frecuente y preocupante, que abordaremos posteriormente, lo cierto es que el uso, o mejor dicho, el abuso de la computadora, es sumamente dañino para el ser humano.

Sus efectos pueden ir desde potenciar problemas en la vista, causar trastornos en las articulaciones, alentar desórdenes alimenticios, metabólicos e incluso emocionales, hasta cefaleas, insomnio, ansiedad, depresión, dificultades motoras, problemas menstruales e incluso impotencia sexual.

No es extraño que personas sin problemas de salud comiencen a sentir diversas molestias tras largas horas delante de un monitor, una anomalía que si bien no se manifiesta de igual manera en todos los individuos, puede agravarse de acuerdo con la ocupación y otros antecedentes personales.

Sin embargo, muchas veces la causa de estas incomodidades no es precisamente la computadora en sí, sino el mal uso que de ella se hace, y en especial el no guardar ciertas consideraciones al trabajar. El tema, que ya hemos tratado en ocasiones anteriores, por su importancia merece un nuevo acercamiento.

¿ADIÓS AL 20x20?

De todas las dificultades que acarrea el abuso de la informática la más recurrente son los problemas en la vista. Sequedad, ardor, picazón, quemazón, lagrimeo, cambios en la percepción del color, visión borrosa o sensación de tener basura en los ojos son las manifestaciones más frecuentes.


La raíz de esta situación hay que buscarla, según los expertos, en el propio origen de la raza humana y en su peculiaridad de predador. De hecho, el sistema visual humano está diseñado para trabajar habitualmente a lo lejos (como todo cazador), y solo para desempeñarse a corta distancia durante períodos breves, todo lo contrario de lo que sucede con las pantallas de los monitores.

Estas se aprecian en dos dimensiones y le falta la tridimensionalidad tan necesaria para que la retina se acomode a su función originaria y por ende no tenga que esforzarse tanto. A esto agréguesele la postura incómoda que la mayoría de las personas adoptan, la letra pequeña, deficitaria iluminación, el brillo natural de la pantalla y otros factores, y tendrá un coctel explosivo para cualquiera que se precie de su 20x20.

Diversos estudios han detallado con profusión el problema. Por ejemplo, hace más de diez años el Consejo Argentino de Oftalmología publicó una investigación titulada El trabajo con pantallas de computadoras, donde afirma que a estos factores de riesgo hay que agregarle otros elementos agresivos, como una postura sedentaria e intensa tarea de cerca o la alimentación frugal y deficitaria.

La investigación precisó que no solo la visión es dañada, sino que a su vez la constante observación fija y cercana tensiona todo el sistema muscular y nervioso, provocando una sobrecarga acumulativa, que degenera a largo plazo en problemas diversos.

Incluso, los expertos afirman que este padecimiento puede agruparse en el llamado "estrés visual", definido como "la inhabilidad de la persona para procesar determinada información visual de una manera confortable y eficiente".

CLICKEO NOCIVO

El sistema muscular es otro de los extraordinariamente afectados por el sobreuso de la computadora. En especial son los niños el sector más débil, al no estar completamente desarrollada su estructura ósea y ser por tanto muy susceptibles.
Las causas fundamentales de estos problemas son los movimientos repetitivos y estereotipados clásicos del trabajo con teclados, así como el 'clickeo' constante y la rapidez de movimiento que imprime la mano al mouse.

Casi siempre tras largas horas de labor continua esto deviene en dolor en los miembros superiores, espalda, cuello, hombro, y específicamente en el codo, antebrazo, muñeca y dedo.

Quizá lo más temible sea la aparición de patologías graves como la enfermedad de De Quervain's, una afectación de los tendones comúnmente conocida como el pulgar en gatillo, o la epicondilitis humeral, muy similar al conocido "codo del tenista", así como daños al tejido conectivo, en el fibrocartílago, ligamentos y tejido sinovial, o las fatigas y la prevalencia de procesos inflamatorios de diversos tipos.

Entre todas, una de las más extendidas es el Síndrome del túnel carpiano, que se caracteriza por la compresión del nervio mediano a su paso bajo el ligamento de la muñeca, por donde van a su vez la mayor parte de los tendones flexores de la muñeca y dedos, así como otros nervios.

Además de las inflamaciones, el dolor intenso que provoca en la muñeca y los tres primeros dedos, o la sensación de hormigueos y acorchamiento, el mal puede degenerar en una atrofia de los músculos cortos del pulgar, algo que al final casi siempre solo el bisturí puede resolver.

Aunque hay otros factores que pueden afectar el túnel carpiano, como el embarazo, enfermedades reumáticas o tumoraciones locales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera esto como una enfermedad profesional derivada de microtraumatismos y sobreesfuerzos repetidos, resultado de la falta de descanso adecuado de la muñeca, algo típico del trabajo informático.

Por si fuera poco, los ortopédicos también han mostrado preocupación por el hecho de que las posturas inadecuadas durante largas horas ante una computadora pueden agravar u ocasionar hernias discales y otros síndromes cervicales, que a su vez causan insomnio, cefalea y dolor lumbar.

CONSEJOS ÚTILES

No se trata de botar la computadora por la ventana o tenerle miedo a su uso extensivo, muchas veces imprescindible en el desarrollo laboral cotidiano de la vida moderna. La solución está en aplicar determinadas medidas de protección para atenuar sus efectos nocivos.

Para la vista, por ejemplo, los expertos recomiendan las pantallas de un solo color, por ser las menos agotadoras, y en especial la combinación de letras negras sobre fondo blanco. Igualmente sugieren desechar el rojo o el azul para los caracteres.

La Organización Internacional del Trabajo, por su parte, indica que las letras deben tener por lo menos de 2,5 a 3 mm de altura (un puntaje de 12 ó 14 en los procesadores de texto), y ser de formas redondeadas. E insisten en la necesidad de los cristales protectores de pantalla para suavizar la luminosidad de los monitores.

También los oftalmólogos coinciden en que los locales deben estar bien iluminados, sin que por ello la luz se refleje en el monitor, con paredes de colores claros pero no blanco, y tener la pantalla a 50-70 centímetros de los ojos, así como poner los papeles y el teclado también a esa distancia, para evitar cambios en el tono acomodativo de la vista.

El ángulo visual más cómodo es de unos 10 a 20 grados por debajo de la línea casi horizontal que une el conducto auditivo con la comisura externa del ojo, y, en cualquier caso, el monitor no debe sobrepasar en altura la cabeza del operador.

Una pausa cada 20 ó 30 minutos de trabajo para estirar el cuerpo y fijar la vista en objetos lejanos, es muy necesaria, como también aprovechar ese tiempo para relajar la muñeca, hombros y otros músculos, algo que puede hacerse continuamente en la propia silla, estrujando entre las manos alguna pequeña pelota de esponja.

El cuerpo debe ocupar una posición cómoda, con la espalda dibujando un ángulo de 90 grados con respecto a las piernas, y usar una mesa baja para permitir que los brazos y manos descansen sobre el teclado con soltura.

¡Ah! Y no olvidarse nunca que no hay nada mejor en el mundo virtual que tener -literalmente- los pies bien puestos en el suelo, para así evitar sobrecargar a nuestra columna por todo el estrés de una jornada agotadora frente al monitor.

(Fuente: Juventud Rebelde)
Artículo tomado de www.cubaperiodistas.cu

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