Asalto a comercios de mediana envergadura

Precarización del accionar delictivo;

adaptación del dispositivo de seguridad al nuevo paradigma.

 

En la edición del Diario Clarín del domingo veintisiete del corriente mes y año, en su sección Policiales predomina una nota destinada a los índices de robo calificado (agravado por el empleo de arma) padecido por los supermercados pertenecientes a la comunidad china. Desarrollaremos a continuación una descripción de este delito y su mutación en un delito cuya violencia se ha incrementado por encima de lo necesario en función del fin perseguido, en virtud asimismo del aumento de carátulas robo seguido de muerte en proporción al robo calificado en causas penales iniciadas por instrucción policial. No podemos excluir comercios similares cuyos propietarios son ajenos a comunidad de mención, a cuyos efectos emplearemos el término autoservicios.

 

 

 

Estadísticas

 

En Capital Federal y Gran Buenos Aires funcionan unos 5.786 autoservicios pertenecientes a la colectividad china, a los que deben sumarse demás entidades similares ajenas a tal colectividad. A mero modo gráfico, procedemos a la lectura de uno de los párrafos:
“De los 1.461 robos denunciados, 1.053 fueron con armas de fuego y 408 con arma blanca. En 306 hubo agresiones físicas al personal o clientes. Los supermercadistas chinos advirtieron, además, que la violencia va en aumento.  En todo 2009 sufrieron 13 muertos y 46 heridos de bala, mientras que en los primeros cuatro meses de este año ya suman 4 víctimas fatales y 15 heridos.”
Como se puede apreciar, parámetros tales como impacto y probabilidad de ocurrencia, fundamentales para evaluar cualquier riesgo, han incrementado de un año a otro. Hacemos mención de esto aún sabiendo no sólo que es obvio, sino también que es extensible al resto de los ramos comerciales objeto de robo.
Asimismo, y ya desde una perspectiva facultativa, concluimos que la “preparación” del delito es más breve y menos elaborada que antaño, habiendo el componente delictivo dejado de considerar factores relevantes a la hora de perpetrarlo, incrementándose la cantidad de menores involucrados y la mediación del consumo de estupefacientes previo al hecho.

 

 

 

 

El asalto

 

Previo a tratar la problemática de los asaltos armados a estos establecimientos, definiremos características comunes de los locales primero, y un marco general del modus operandi de los causantes luego.

Un autoservicio no posee una superficie de salón que amerite llamarlo supermercado, pero tampoco almacén o tienda. Es un punto medio al que acude el vecino a realizar compras de baja envergadura, con amplia circulación de valores líquidos, predominado las operaciones en efectivo, relegando el rubro las concretadas con tarjetas de crédito o débito.
Los salones de venta generalmente no superan las tres líneas de góndolas compuestas de tres estantes, mediando cuatro pasillos a lo largo y tres transversales, el último de éstos usualmente coincidente con sectores de carnicería, fiambres y verduras. Check out extremo de góndolas muñidos de peroques, exhibiendo mercadería de alto valor, mayoritariamente del ramo salud e higiene.         Se emplazan de dos a cuatro cajas registradoras coincidentes con la línea municipal de espaldas al punto de ingreso-egreso, el cual suele ser uno sólo.
En cuanto al personal: repositores, cajeros, encargados de anexos, jefe o propietario. Trabajando durante la mañana y tarde se hallan los repositores, excepcionalmente más de dos en el salón, a los que se les suman repositores externos en la misma franja horaria. Cajeros en sus puestos, en anexos carnicería, fiambrería y verdulería, una persona, y encargado o el mismo dueño en un puesto que habitualmente se halla precariamente instalado entre la puerta y la línea de cajas. Personal de seguridad: un vigilador desarmado y, comúnmente en estos comercios, de difícil identificación (falta de uniformidad, logos de empresa de seguridad, u aspectos que indiquen la naturaleza de su función). Hasta aquí, de una manera muy general tratamos de darle al lector una idea del establecimiento.

 

Modus operandi

 

La manera de operar de los perpetradores no se aleja del dispositivo clásico. Vigilancia: el carpuseo se realiza minutos antes del golpe, habiendo dejado de existir la inteligencia elaborada con tiempo y que considere aspectos tales como tiempo de arribo policial, estimación de valores líquidos existentes, o presencia de CCTV, sólo por citar un ejemplo.

Obedeciendo cuestiones de integridad y a fines darle un marco teórico al presente que pretende ser una guía práctica para el servicio de seguridad, relegando al Estado las soluciones de fondo, se sita parcialmente texto de Gabriel Kessler, titulado LAS TRANSFORMACIONES EN EL DELITO JUVENIL EN  ARGENTINA Y SU INTERPELACIÓN A LAS POLÍTICAS PÚBLICAS[1], el cual trata el delito ameteur a manos de menores de edad, si bien el mismo no ha tratado un aspecto importante como lo es el consumo creciente de estupefacientes.
…La asociación con la dictadura se va desdibujando durante los 90, a medida que se incrementan la pobreza y el desempleo junto con el delito. Las formas de enunciación, así como las actitudes y acciones de la sociedad, fueron mutando. Las imágenes mediáticas comienzan a estructurarse en torno de dos ejes. Uno de ellos es cambiante: la repentina aparición, la rápida difusión y el posterior decrecimiento de formas de delito novedosas tituladas «olas». Primero fueron los robos en taxis, luego los «secuestros express», más tarde los «hombres araña» que entraban por la noche en los edificios y, recientemente, el asalto teñido de sadismo contra ancianos desprotegidos, entre otras modalidades delictivas. El segundo eje se mantiene estable, con lo que se consolida la imagen de la «nueva delincuencia»: ladrones muy jóvenes, producto de la crisis económica y social y de la desestructuración familiar, que son incapaces de dosificar la violencia ya que no adscriben a los códigos de comportamiento de los ladrones profesionales de antaño…

 

DEL AMATEURISMO A LA PROFESIONALIZACIÓN

 

Al momento del estudio, muchos de nuestros jóvenes se estaban alejando del amateurismo. Al reiterar sus acciones con relativo éxito o, al menos, sin experimentar grandes riesgos, también iban abandonando la lógica de la provisión y del ventajeo y entablando un proceso paulatino de introducción del cálculo costo-beneficio respecto de sus acciones. Una primera fase hacia una eventual «carrera» es la especialización. Esto significa buscar algún tipo de actividad delictiva que represente una suerte de equilibrio personal entre el riesgo y el beneficio esperados. Las trayectorias no se dirigen hacia acciones cada vez más violentas; por el contrario, es habitual que, ante las primeras experiencias vividas como riesgosas, se inclinen por acciones menos peligrosas…

…En una primera instancia, los delitos cometidos por los jóvenes son acciones teleológicas en el sentido habermasiano, es decir, que pretenden intervenir en el mundo pero a la vez están casi desprovistas de estrategia, ya que casi no consideran las posibles consecuencias de los actos….
El despliegue, sean dos o tres perpetradores, coloca a sólo uno de ellos en el punto de ingreso de espaldas al comercio cumpliendo funciones de alerta (“campana”), para que el restante del grupo ingrese y reduzca al personal; se aprecia falta de táctica en la mayoría de los casos, más que nada en registros fílmicos, que el apostado como alerta falta a su función natural y usualmente está pendiente de lo que hacen sus compañeros, tornando su campo visual hacia el interior del local. Mismo vicio se destaca al ya no predominar la voz de uno por encima del resto: todos los delincuentes dan órdenes a sus víctimas de manera contradictoria y hasta discuten entre sí, agregando nerviosismo a la escena y creando el clima favorable para la concreción de lesiones innecesarias hacia sus víctimas, amén de demorar el atraco, potenciando la posibilidad de situaciones aún más complejas. En caso de ser tres asaltantes, es común que uno reduzca/desarme a personal de seguridad en tanto el tercero reduce a cajeros y toma el dinero, agregándose en los últimos años una particularidad: el contacto físico; esto es, el golpear (por lo general con el mismo arma) al encargado,  tomarlo de las ropas con el brocal del arma dirigido a su cuerpo y conducirlo hacia los puntos de valor, agredir a la custodia ya desarmada, delitos sexuales perpetrados contra féminas clientes o empleadas, disparos de arma de fuego que, aun intimidatorios, hieren gravemente a peatones, clientes o empleados, etc.
Muñidos de los valores proceden a la fuga, siendo relevado el campana al estilo posta, emprendiendo marcha uniforme en misma dirección; la asistencia de rodados es habitual, predominando los motovehículos como elementos de fuga; como funcionario policial el autor ha podido observar el creciente uso de  motocicletas de 110 y 125 cc. en hechos como los estudiados, motivo por el cual la presencia, circulación repentina y reiterada de estos vehículos es algo a tener en cuenta por el personal como alerta temprana.
La precarización del proceder delictivo imprime más violencia en el hecho, potenciada a su vez por estupefacientes. Ya son varios los hechos de robo seguido de muerte o lesiones graves/homicidio en grado de tentativa, en los que no ha mediado resistencia alguna por parte de la víctima. Este fenómeno obliga a los servicios de seguridad obrantes en el ramo estudiado a adaptarse, siempre dentro de las limitaciones impuestas por ley tanto para la seguridad privada como para el personal policial en cumplimiento de servicio adicional.
Comenzaremos a describir el promedio de los servicios privados, para luego hacer sugerencias pertinentes. El vigilador o guardia de seguridad (no “paquito” ni “bala de goma”), de acuerdo a legislación vigente, presta la custodia dentro del objetivo o en sus adyacencias; tratándose de un comercio con amplia concurrencia de particulares, el empleo de arma de fuego no es factible. Sin abocarnos a un amplio relevamiento de autoservicios, veremos que sí existen custodias armadas, en especial en zonas geográficas de alta peligrosidad y de bajo control por parte de la Autoridad de Aplicación, en donde el vigilador a veces carece de las habilitaciones pertinentes y, en la mayoría de estos casos, es un custodia contratado informalmente, siendo que la ley estipula que los servicios de seguridad deben estar gestionados por personas jurídicas concebidas a tal fin[2].
El vigilador toma posición en la puerta del establecimiento[3], y es aquí en donde hallamos el grueso de los vicios que ponen en riesgo su vida, amén de menoscabar la efectividad del dispositivo de seguridad: el vigilador no es portero, no acomoda los changuitos, no es ropositor, no empaca la mercadería de los clientes ni tiene por qué estar conversando acarameladamente con la repositora externa de sección cosméticos.
La posición del vigilador debe ser tal que le brinde cobertura física respecto de ángulos ciegos y le brinde una amplia visibilidad por encima del recinto, en particular de la línea de cajas y la puerta. He aquí otro dilema: al guardia de seguridad se lo aboca a la prevención del hurto de mercadería, debiendo perder de vista al punto de egreso/ingreso y vía pública, en donde se manifiestan las primeras alertas tempranas del atraco.
Aún armado, un cruce de fuego pondría en riesgo la vida de los clientes y del personal, siendo muy difícil encuadrar una respuesta letal hacia el componente delictivo dentro del artículo treinta y cuatro del Código Penal de la Nación Argentina (mal menor frente a mal mayor, legítima defensa propia y de terceros); concluimos así que la presencia del vigilador es preventiva respecto del siniestro “asalto”, y un tanto más comprometida respecto al hurto de mercadería, pero no puede abocarse a ambos, motivo por el cual debe conservarse el binomio (efectivo en puerta y otro en salón).
No debe mal interpretarse y asumirse que la prevención que ejerce el efectivo privado estriba tan sólo en la disuasión que su presencia inspira, menos en tiempos en los que el delincuente promedio no vacilará en abatirlo tan sólo por la función que cumple.


La prevención va de la mano de la observación de alertas tempranas y procedimiento acorde. Teniendo presente que el local se reserva el derecho de admisión y permanencia, el vigilador puede restringir ingresos cuando no vislumbre un riesgo letal, en cuyo caso adoptará otras posturas en función de lo observado, a saber:

 

v  Posibles armas ocultas en las ropas.
v  Estados de nerviosismo.
v  Presuntos estados de ebriedad (alcohólicos o narcóticos).
v  Presencias prolongadas o transeúntes cuyas actitudes no respondan a motivos lógicos de permanencia en el lugar (trabajo, estudio, esparcimiento, etc.).
v  Vehículos ajenos a la zona, o no comúnmente visualizados.
v  Personas que a simple vista lleven el doble de prendas (dos pantalones, dos buzos).
v  Aviso de vecinos.
v  Actividad policial por hecho reciente próximo al objetivo.

 

No siendo la precedente una lista taxativa, enumera tan sólo las más frecuentes de las alertas, ante cuya observación el vigilador debe dar aviso a autoridad policial vía oficial, es decir, Comando Radioeléctrico o en caso de la Provincia de Buenos Aires el 911. Es común que posea un contacto directo e informal con personal policial de la dependencia correspondiente a la jurisdicción, cuyo uso representa una gran ventaja, no obstante, debe utilizar las vías oficiales por una cuestión registral, teniendo presente que una de las primeras preguntas (sino la primera) del Agente Fiscal será “¿A qué hora llamó a Policía?”, inmediatamente seguida de, en caso de haber mediado confrontación, “¿No pudo elegir medios menos lesivos para repeler las agresiones?”. Esto es generado en virtud de la preponderancia del bien jurídico tutelado “vida” por encima del de “propiedad”.
No concretado todavía el delito, la custodia observa a uno o más sujetos que incurren en conductas como las enumeradas, presentándose en ese momento una solución preventiva y disuasiva otorgada en el territorio bonaerense por la ley 13.482, en su inciso “C” del art.15. La Averiguación de Identidad, antes Averiguación de Antecedentes, faculta al funcionario policial a detener a la persona durante doce horas, prorrogables por Juzgado de Garantías por otras doce, a fines indagar impedimentos legales en su contra (paradero activo, capturas, etc.). En ese mismo proceder, previo traslado de los causantes (personas a identificar), por razones de seguridad la norma autoriza a la realización de una requisa de emergencia tendiente a detectar elementos que potencien el poder lesivo del sujeto, que pudieran ser usados contra terceros, personal policial e incluso contra sí mismo (autolesiones).
Discusiones doctrinarias se debaten hoy por hoy respecto de la vulneración arbitraria infundada del derecho de la libertad y libre circulación, que puede más tarde o más temprano caer en la remoción del articulado mencionado; hasta ese entonces, el vigilador puede convocar a la Policía  a tales efectos, prestando colaboración con ésta una vez constituida en el lugar, a fines evitar el desencadenamiento de un mal mayor.
Cuando el servicio es prestado por Policía Adicional, se cuenta la ventaja en cuanto a tiempos para este proceder, dado el estado policial del cual carece el personal privado, lo habilita para interceptar antes del arribo de elementos de la dependencia, si bien no es tácticamente recomendable en virtud de conservar la UMO (Unidad Mínima Operativa), pero sí conveniente en caso de haber un enfrentamiento, dado es preferible sea fuera del local y no dentro de éste, siendo la detención por Av. de Identidad en la vía pública. No obstante ello, el policía adicional debe, de igual manera, respetar el protocolo de comunicaciones antes descripto.
El posicionamiento en la entrada es el frecuente y tal vez el mejor, dado conserva el equilibrio entre la exposición del dispositivo de seguridad pretendido por el comerciante y los factores tácticos que debe conservar el puesto. Así y todo, no podemos dejar de mencionar que prescindiendo de la exposición visual, a nivel táctico siempre será en la cuadra de enfrente, móvil y desapercibida. El personal policial puede prestar servicio y conservar este despliegue, siendo el vigilador, por el ámbito de accionar legislado que lo rige, confinado al interior del local y adyacencias inmediatas.

 

 

Observaciones finales

El funcionamiento del comercio encierra en sí procederes que, si bien funcional y comercialmente resultan convenientes, generan situaciones riesgosas, principalmente franjas horarias extendidas, el alivio de cajas, y la información compartida innecesariamente por empleados que, de resultar desleales, pueden otorgar datos sensibles a futuros asaltantes.

Crime Prevention Trough Enviroment Design, CCTV, simulaciones de movimientos, gestiones de RR.HH. y auditoría a fines pueden morigerar la probabilidad de ocurrencia de atracos y otros delitos. Dada la naturaleza del presente texto, el autor desarrollará estos puntos en futuro artículo conteste a la problemática expuesta.

 

Por :  Victor Lopez

Lic. En Seguridad

 

Seguridad Portal Web – www.seguridadportalweb.com

 


[1] Artículo publicado en Barbara Potthast, Juliana Ströbele-Gregor y Dörte Wollrad (eds.): Ciudadanía vivida, (in)seguridades e interculturalidad, FES / Adlaf / Nueva Sociedad, Buenos Aires, 2008, ISBN: 978-987-95677-1-5. Gabriel Kessler doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Ehess) de París, en la que fue elegido profesor asociado de Sociología de América Latina. Es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento y del Doctorado IDES-UNGS. Fue elegido para la Cátedra «Simón Bolívar» de la Sorbona-París VII para el año 2003. Sus áreas de interés son la cuestión social, las políticas públicas y la seguridad ciudadana. Es autor de numerosos artículos publicados en la Argentina y el extranjero y, entre otros, de los libros La experiencia escolar fragmentada (2002) y Sociología del delito amateur (2004). Además, es coautor de La nueva pobreza en la Argentina (1995) y Neoliberalism and National Imagination (2005) y ha coeditado Violencias, delitos y justicias en la Argentina (2002), Política social y acciones locales. Diez estudios de caso (2006) y Problemas socioeconómicos contemporáneos (2006).

 

[2] Dependiendo de la región geográfica, existen reglamentaciones para servicios  unipersonales, los cuales a su vez deben contar con habilitaciones de rigor.

[3] Se están adoptando el posicionamiento de garitas en frente del local, pero ya sobre la vía pública. La legalidad de esta maniobra es discutible, amén de atentar contra principios de CPTED, obstaculizar la visión, y bridar coberturas visuales y físicas al malhechor. Dado lo extenso que este dilema puede resultar, invito al lector a contactarme vía e-mail a fines evacuar dudas, o a esperar artículo destinado a la temática.