EN LA MADRUGADA DE UN VIERNES 13- Segunda Parte

Segunda Parte

13 de agosto de 1993

 

Para evitar encandilamiento de los pilotos se ordena apagar los reflectores de los Bomberos. Ahora, mientras desde tierra se informa al FAU 030 de la dirección del viento y de la que se cree mejor zona para el rescate, el helicóptero se acerca desde el sur, para tratar de ubicarse sobre el edificio y proceder a bajar al Subcomisario Alzugaray para que pueda apreciar de visu la situación y organizar el rescate.

Sobre la zona oeste, usando como referencia la antena de microondas erigida en el centro de la azotea, los pilotos mantienen la máquina en vuelo estacionario a unos 60 mts. de altura, mientras el Cabo Curcho despliega el brazo de la grúa y prepara el “penetrador de bosques”, que es un aparato muy parecido a un ancla con tres brazos, pendiente de un cable de acero, con pequeñas plataformas rebatibles, sobre las cuales puede sentarse una persona o bien pararse sobre ellas y abrazarse al cable, pues no hay ninguna clase de cinturón de seguridad...



Volando lentamente alrededor del edificio, por arriba del nivel de las peligrosas antenas que lo coronan, en un momento se alcanza a ver a tres personas agrupadas en una de las esquinas de la azotea, y poco después a otra más, la que ha elegido como precario refugio una especie de cofa de vigía que hay en la antena de microondas, en un desesperado intento de alejarse lo más posible del fuego.

Los informes que se han recibido hablaban de veinte o más sobrevivientes, y es imperativo que alguien descienda a la azotea y organice la evacuación, imponiendo un cierto orden a gente que aterrorizada, pueda tratar de salvar su vida por sobre las de los demás, poniendo así en peligro la de todos y arriesgando hacer fracasar todo el operativo.

Por eso, se procede a bajar al Oficial de Bomberos hacia un piso que se estima y adivina, pero que no se ve por la espesa capa de humo negro. Cuando sube la grúa, no viene nadie en ella y la tensión sube al máximo, pues no se sabe porqué nadie ha subido en busca de la salvación.

En esas circunstancias, con la adrenalina galopando en el torrente sanguíneo, el Cap. Jackson da la orden de abandonar la posición y salir del foco del incendio.


No se está abandonando la empresa; muy por el contrario, lo que se busca es dar un respiro a la fenomenal tensión nerviosa que domina a todos y que puede llevar a un error de apreciación o de acción.

Volando sobre la bahía, a través de los intercomunicadores se habla, se inquiere y se informa de la normalidad de cada uno de los elementos que se están utilizando.

Se respira hondo, se normaliza la voz y un par de minutos después: - “Bueno, vamos a probar otra vez”.

Ahora, el edificio arde por los cuatro costados de los últimos pisos, generando poderosísimas columnas ascendentes de aire recalentado, mientras Recoba y Jackson vigilan los instrumentos de temperatura de las turbinas, con pies y manos bailoteando sobre los pedales y las columnas de mando.

Este tipo de helicóptero está provisto de un sistema de control –el Automatic Flight Control System- que ayuda a controlar los parámetros de vuelo estacionario y que a través del SCAS (Stability Control Aumentations System) permite al piloto una mayor fineza en las maniobras. Este sistema se alimenta con los datos electrónicos que obtiene mediante sensores en la nariz del helicóptero, pero en estos momentos los mismos están recogiendo tantos datos simultáneamente y alimentando con ellos al AFCS que llegan a casi saturar su capacidad de asimilar y procesar información.

Se pilotea casi a ciegas, pues el humo es negro y espeso. Ahora el aparato se desplaza a lo largo de la fachada norte, con la cola hacia fuera y tratando de penetrar el humo con el reflector de búsqueda.

En una zona en la que se puede entrever el suelo de la azotea, el Bombero Caravaca se monta en el penetrador y hace señas al operador de la grúa que lo baje, sacudido por las ráfagas de viento del rotor.

De pronto, desde abajo, en la negrura del humo y de la noche, brilla la linterna de señales de los Bomberos y entonces Curcho obliga a la grúa a recobrar cable mientras lo guía con la enguantada mano.

Al cabo de interminables segundos, aparecen dos hombres sentados en el penetrador con las piernas y brazos entrelazados en un nudo de desesperación y con la cara desencajada. Curcho los introduce en la cabina y comprueba que ambos están bajo los efectos del shock mientras el helicóptero se dirige hacia la zona de aterrizaje.

Los camilleros se dan prisa en trasladar a los rescatados hacia las ambulancias, donde los envuelven en frazadas, pues uno de ellos está sufriendo un casi congelamiento.

El Capitán Jackson y el Teniente Recoba cambian de asientos y así Jackson asume la responsabilidad de mandar y pilotear simultáneante.

Vueltos a la azotea, ahora pueden ver un poco en medio del humo, lo que les permite darse cuenta de que el perímetro del edificio es un muro de casi dos metros de alto, coronado todo alrededor del mismo con mástiles de banderas. Esto y las invisibles riendas de acero que sujetan las antenas, son un obstáculo insalvable para una aproximación a nivel de la azotea por lo que Jackson decide volver a colocarse en la vertical y volver a bajar la grúa. Mientras el helicóptero se sacude violentamente por las ráfagas de aire ardiente, otra vez se baja el cable y otra vez las linternas de los Bomberos guiñan su señal de esperanza.

En la azotea quedan un hombre y una señora que, aterrorizada, se niega a ser evacuada por el helicóptero.

El Subcomisario Alzugaray, comprensivamente, le pone una mano en el hombro y le habla casi al oído, aunque tenga que gritar para dominar el rugido de las llamas, que ya empiezan a asomar por el ducto de lo que fuera una churrasquera.

“Señora, hasta que usted no baje, yo tengo que quedarme con usted...Soy casado y tengo tres hijos...usted y yo tenemos mucho por qué vivir...”

La mujer, con el rostro crispado y los ojos llenos de lágrimas, hace un ademán de asentimiento y en un segundo se encuentra sentada en el penetrador, abrazando desesperadamente a su compañero, mientras vuela por el aire hacia la seguridad.

Mientras Curcho los ayuda a entrar, el helicópero retrocede y virando fuertemente, se dirige a la zona de aterrizaje, donde demora sólo segundos en descargar sus casi resucitados pasajeros. Ahora sólo quedan los dos Bomberos y el hombre trepado a la antena de microondas, al que el Subcomisario Alzugaray también tiene que convencer de que baje, y cuando el penetrador atraviesa otra vez la capa de humo, es evacuado junto con sus salvadores.

Jackson, con el sudor corriéndole por el rostro, empuja el bastón de mando y se precipita hacia el improvisado helipuerto.

06:05 hs.
Se confirma que en los tres rescates, se evacuaron cinco personas y los dos Bomberos, quienes informan que no hay más sobrevivientes para ser rescatados.

06:20 hs.
La tensión ha aflojado y mientras las ambulancias se llevan a los recién evacuados, el Capitán Jackson informa por radio que está decolando rumbo a la Base.

Tras el sentimiento casi palpable de alivio, tras el lento descenso del nivel de adrenalina, los tripulantes del helicóptero sienten que la vida los inunda en cálidos borbotones, que les calienta todo el cuerpo.

Pero más allá de saber que han cumplido con lo que algunos llaman deber y otros solidaridad humana, más allá de los abrazos y felicitaciones de camaradas y extraños, no olvidan que la misión no terminó todavía y paulatinamente, la exaltación cede paso al profesionalismo.

En el Aeropuerto Nacional de Carrasco, desde la Base Aérea I, está saliendo en esos momentos un Hércules de la Fuerza Aérea, que conduce al Presidente de la República en una visita de Estado.

La plataforma de aterrizaje del Grupo 5, que está al lado de la Sala VIP, está llena de gente que asistió a la partida del Primer Mandatario y eso es un motivo más para hacer un impecable circuito de tránsito y posar en el suelo los patines del helicóptero, con una gran, gran suavidad...

Y mientras la gente aguarda para abrazarlos, Jackson y Recoba, profesionales hasta la médula, recitan en voz baja las últimas palabras del Manual:

-" ¿Paso colectivo?
- Abajo..
- ¿Aceleradores?

- En marcha mínima...
- ¿Instrumentos de motor?
- Dentro de los límites...
- ¿Aceleradores?
- Cerrados..
- ¿Combustible?
- Bombas uno y dos, en off...
- ¿Generadores?
- Uno y dos, apagados...
- ¿Inversores?
- Apagados...
- ¿Baterías?
- Apagadas...

Ahora sí, la misión ha terminado ".

 

"Para que otros puedan vivir" es lo que reza el emblema del Grupo No. 5 Helicópteros de la Fuerza Aérea Uruguaya. Sus pilotos hacen honor al lema.

Autor : Andrés Mata

Artículo tomado del sitio :   www.pilotoviejo.com

Desde Seguridad Portal Web, vaya nuestro reconocimiento y admiración, para los hombres del Grupo 5 de helicópteros de la Fuerza Aérea Uruguaya y el personal de Bomberos, por la hazaña llevada adelante, en esa trágica madrugada del 13 de agosto de 1993 y recopilada por Andrés Mata en este excelente relato de lo vivido por estos valientes hombres.

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